El único que vive: contrarréplica a Aureliano Cañadas.

El único que vive, Aureliano Cañadas

Aureliano Cañadas, El único que vive, Niram Art 2014.

Presentado en Madrid, a mitad de noviembre, nos llega el último poemario de Aureliano Cañadas.

Abro el libro y me dejo guiar por el poeta: él mismo advierte que para no molestar a otros poetas, amigos, realiza su propio prólogo, que en realidad es una poética encubierta: inteligente, Cañadas nos advierte que la ironía, el simbolismo y los demás recursos utilizados, están al servicio de la palabra, la comunicación -no del todo satisfecha para el poeta, como veremos, ya que ha situaciones del pasado, interrupciones de vida, digamos, claro, inefables, que salvará con la memoria y el arte- y una deslucida alegría, que intentó mantener en los textos: debido a situaciones personales, comenta el autor, no pudo mantener esa dicha, pero ya digo: me dejo llevar por estas palabras, y voy a contradecir, con su permiso, al poeta Cañadas.

1. Estructura o unidad temática: su vida. Y así es: la memoria, la melancolía y los recuerdos componen diferentes mosaicos que forman el todo (o gran parte de él, que sería la juventud, la madurez y esa casi alegría que intentará mantener incólume durante los poemas).

2. Cada vez, me siento más identificado con el buen uso de la memoria, los recuerdos selectivos son muy difíciles de llegar al lector, porque obviamente, la experiencia personal es compleja e intransferible: no así, lo que se vive en esa experiencia y su transmisión por parte del poeta: recordemos que esto no es prosa: aquí, los elementos están muy estilizados, los adjetivos buscados y desechados hasta encontrar el justo.

“Los otros, los que yacen

en el fondo abisal de la memoria,

regresan con sus nombres mutilados

y su voz extinguida.”

“Nunca estoy solo” afirma, “no, nunca estoy solo”: esto es definitivamente una consigna de guerra contra el temor y el miedo, tras haber utilizado y procesado en el texto los nombres, las pieles, las bocas, los sueños de aquellas criaturas que fascinaron en el pasado al poeta.

3. Ironía para torear la melancolía (o al Minotauro, porque hay laberintos, viajes, regresos…): Aureliano puede sentirse triste pero nos lo hará llegar de manera suave (con diéresis diría, o mejor escribiría: süave): es decir, parsimoniosa, con algunas graves imágenes pero intentando que se deshaga el hielo de la melancólica temporada en el infierno. Al menos como el dice, sentir, no quedarse en el umbral como los inertes -los indiferentes los llama él-, los que ni sienten ni padecen.

4. El poema organiza, reestructura y reinventa la realidad: como ese pájaro pinzón que atraviesa casi 40 años para llegar exhausto a las manos del poeta que escribe, el poema, si no “arma cargada de furturo”, sí es escudo metafórico contra la tristeza de vivir, contra la soledad (recordemos a Javier Egea), de estar protegido contra las inclemencias del tiempo: por lo tanto, “enmiendo otra vez la plana”, a esa tristeza que predecía en su prólogo Aureliano Cañadas. Recordemos el final del poema del mencionado pájaro.

5. La labor de la poesía y Concha Lagos: Cañadas nos dice nombres, menciona lugares, se obnubila con astros que no dan luz, pero sí: dos veces dan luz: son biluciferinos: una vez, cuando el poeta entorna los ojos, coge la pluma y escribe el poema; la segunda, cunado el lector, a través del tiempo, el espacio y su lectura transforman un poema en silencio en voz, el poema luce en la voz y de ahí a iluminar la memoria hay un paso. Por tanto, la tristeza, que está presente, es suave con diéresis (süave)

6. El amor, la amistad y los libros. Tres componentes fundamentales en la poética de Aureliano Cañadas, como sus lectores ya sabrán. Un ejemplo de amistad es el bellísimo elogio a Enrique López Clavel, con no poca admiración derramada por esos versos

Otro ejemplo: cuando da un recital a “Esos adolescentes”, los remite raudo a Javier Díaz Gil o cita a Concha Lagos y su hermosa reflexión de que la poesía es como el agua: no se puede vivir sin ella pero de ella tampoco. Y aunque afirme lo siguiente:

“Y entonces

me habéis dejado solo

 

en el abismo.”

…no termino estas reflexiones yo, que me llaman Ulises decía aquel a Polifemo, sino el propio Aureliano Cañadas con esta digno y rotundo agradecimiento:

“Hoy sé que nadie puede darme más

de cuanto la poesía,

me ha dado.

Y sé que ella tampoco puede darme

más de cuanto me ha dado

la vida.”

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