Insomnio I: Conozco a Cúrato

Aparece por la izquierda que es como decir malos augurios, entrañas levantadas, descubiertos venenos en los filamentos pulmonares de la noche. Su porte es digno de los reyes muertos, su caballo es la luz de la velocidad cansada, su azabache melena recoge los vientos de los abandonados.

En sus manos un báculo y una criatura.

Desmonta y me observa cíclope y dantesco: o busca amor o requiere miedo. Me inclino por lo segundo cuando alza el labio superior, sección derecha y en la oscura pasión que nos convoca a ambos -a él la aterrorizada máscara que llevo puesta, a mí, las correrías cerebrales que me permito algunas noches-: me habla desde inmemoriales recovecos de gargantas conquistadas a sangre, fuego y espada.

-Escribirás -dice en la penumbra- mi biografía en cantares que repetirá el pueblo. Quizá te salves de que te devore el corazón: me llaman también Olvido, y así recordarán a mi estirpe.

Si existe un infierno de ojeras que nos somete, es una humareda que aromatiza nuestros músculos con la envidia. Cúrato vuelve a montar y me apunta con un deforme dedo.

-Me recordarán si a ti te recuerdan.

Oigo una risa estertórea: no sé si crujir de huesos o amanecer.

Y aparece Beksinski.

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