México y el cine

Últimamente estoy viendo cine mexicano con creciente interés: México siempre me ha interesado (Mantra, Rodrigo Fresán; 2666, Roberto Bolaño, Rulfo, Pitol, Octavio Paz…) y de lo poco que conozco de cine, precisamente venía de la parte de Luis Buñuel (Los olvidados, por ejemplo).

Ahora que veo películas más o menos actuales, veo que hay potencial en algunas cabecitas mexicanas, para contar, criticar y hacer pensar. Y me causa profunda alegría, pues un pueblo así, con creadores que practiquen la autocrítica, es un pueblo a salvo de ombliguismo, narcisismos y derivados del ego.

Desde que viera la tópica Los tres caballeros (siendo niño) de Disney, me fascinó el color, el baile y el carácter de ese gallo. Luego de mayor, vista otra vez la animada cinta del norteamericano, podemos decir que obviando los tópico, quizá se quede en poco. La verdad es que el loro también me gustó: carioca y como el gallo, como una cabra.

He visto Somos lo que hay, sobre caníbales y situaciones familiares, que según veo por ahí, no cumple las expectativas: la verdad es que la película peca de ciertos tópicos (las putas y los gays sufren los ataques caníbales y la saña moralista), los polis no valen un duro, la familia desestructurada con la madre sola sin marido…

Pero bueno, recuerdo que no todo es esto, ya que a mí el tema del canibalismo me interesa. Pero claro, el lenguaje ha de ser el apropiado: muchos cuentan una historia -este es el caso- y nos dejan pensativos sobre la multitud de posibilidades que hay si alguien se pone detrás de una cámara, con ideas plasmadas en un buen guión, una fotografía en condiciones, luces, sonido… actores… y la gran pregunta es: ¿por qué una película tan oscura, de luz y tono narrativo, no aprovecha la fuerza de es oscuridad para intentar asombrar al espectador?

Alejandro González Iñárritu es mexicano: lo recuerdo bien: películas como Amores perros, 21 gramos Babel -entre otras- no tienen desperdicio, y lo sé, y lo reconozco.

También Detrás del poder de Javier Colinas: me interesa la parte central del argumento, creo que el final pierde fuerza, y nos lleva a la situación que todos esperamos. Es mi opinión respecto a una película que demuestra que unos buenos diálogos y un poco de violencia, bien organizados, pueden lograr maravillas.

Y termino con dos películas de un actor que me encantó: Damián Alcázar. Una es El infierno y otra es La ley de Herodes. Creo que los títulos son magníficos. Ambas son de Luis Estrada. Merece la pena ver las transformaciones que sufren los personajes, cómo el poder fomenta pequeñas metamorfosis que se hacen grietas mentales y cambian el carácter a las personas: fisonomía del poder en estado puro. Alcázar es un tipo que atrae: lo veo entrañable, justo, comedido, rozando el peligroso vacío e imitación -por parecido, por comediante- que dejara Mario Moreno Cantinflas -por cierto, un grande que decía frases como esta: “.O actuamos como caballeros o como lo que somos”.

Creo que estas dos películas combinan la hiel y la risa, la amargura de la verdad y la pasión del cambio: la corrupción más absoluta y el premio social a quien es capaz de amoldarse.

Siempre pienso que el actor mejora, al escuchar las recomendaciones de un buen director.

Así que supongo que veré Birdy y La dictadura perfecta: porque conozco algo del cine de Iñárritu y a Keaton -a ver…- y a Estrada y a Alcázar.

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