Rodrigo Fresán: por qué una y otra vez regalo sus libros

Peter Pan, kensington Gardens
Peter Pan, Kensington Gardens

Uno de los métodos utilizados por Rodrigo Fresán al escribir sus historias, cuentos, novelas, biografías, mantras, ciencias-ficciones, críticas, reseñas, recuerdos, artículos o derivados literarios de lo que se le venga en gana, es la imaginación de la memoria.

Otra de las herramientas más queridas por Fresán es la creación de personajes que mal que le pese -que no lo creo remotamente, qué quiere un escritor sino ser recordado por su obra y lo que en ella es capaz de crear- van a pasar al imaginario colectivo si no están ya en él. Un ejemplo es Alejo. Otro es Nina. Alejo por suertudo, o desafortunado, o por Alejo simplemente, alguien que se sabe y se sabe así, sin más. Y Nina, por ser la posmoderna novia de Alejo.

También regalo sus libros por Peter Pan. Por la búsqueda esencial que hice en aquel parque de Londres -infernalmente verde, recoveco puro de la verdura reconcentrada-, en aquellas marismas de lejanos recuerdos y caminos encendidos de esperanza. Y no encontraba la escultura que Barrie odió.

Y, por supuesto porque añade, aporta, transmite y proporciona sistemas auténticos de lectura, de trabajo lector, de ironía, de fin del mundo:

-sistemas de lectura: las referencias a sus personajes son inagotables (me refiero a sus autor-referencias. no a las mías, tuyas… como lectores probables de Fresán): cuenta una historia de hace mucho y por eso ha de contar con un lector activo. Parece que da miedo eso de que el lector tome parte en la obra, muchos quieren, incluso desde la crítica, vendernos la burra de la facilidad, la lectura cómoda, sin percatarse que un mundo cruzado de referencias, un libro que te lleva a otros libros, a otras obras de arte que a su vez te encauzan hacia un aprendizaje… todo esto que intento decir es lo que se considera, más la religión -mantras- y la antropología, los mitos (Esperanto) y demás cositas que Fresán añade a sus libros, remozados por su inteligencia, es lo que forma algo llamado cultura, educación literaria, que es educación a secas.

-trabajo lector: placer por leerlo, ansia por seguir leyéndolo, derivaciones de sus citas convertidas en libros, encontrar lo que traduce, por qué lo comenta, ¿ha anotado algo?, será interesante.

-ironía: nos vamos desintegrando en el marasmo de los años, pero aún peor: el marasmo del mercado, el mercado de las oportunidades, de las ventas y dios, cómo nos pone vender. Lo que sea: bueno, malo, mediocre, regular, pasable, aceptable, sin dudas, sin retoques, esperpentos reales literarios (a .k. a. ERL) y mojonas directamente que como me contaban por ahí, en Cádiz las llaman mojnas “king size” (quin sai, vamos, pero con la “a” abierta, a la andaluza…) Y Fresán pelea literariamente con humor destilado de las lecturas que lleva hechas a lo largo de su vida.

-fin del mundo: obvio. Esto se acaba. E-e-e-e-e-eesto es todo, amigos, que diría Porky. La literatura buena se acaba: o estamos viendo día a día: la venta se impone: los que venden son otros: los que escriben bien siempre son los mismo (o quién sabe si es al revés, qué importa: cada uno se alineará en la parte de la neurosis que no le corresponde o cuidado porque la gangrena de la humildad te devora, amigo). Y esto es todo: la literatura es difícil, la gran literatura lo es aún más. Ya lo dijo Capote con acertadas palabras. Ya lo dijeron antes.

Así que ni fotos ni gaitas (hostias diría en la calle): este pequeño homenaje a la palabra de Fresán va a pelo, con la palabra que es la herramienta más bella que tenemos para detener el tiempo o para medir quizá La velocidad de las cosas: el que sea fetichista de la imagen, que busque la foto de Fresán en la web, que hay unas cuantas: el que me conozca y me caiga bien (no todo iba a ser tan fácil), igual se lleva Historia argentina (la tercera edición, por aquello de corregida y aumentada, por aquello del prólogo de Ray Loriga -al que no he leído más que un cuento- y el epílogo de Ignacio Echeverría: por aquello de que tengo a Mickey, un mapa y un tinto en mi estantería). O Vidas de santos, ya veremos. Porque Mantra. Y Esperanto. Aunque El fondo del cielo. Pero Jardines de Kensington. (¿La parte inventada? ¿Qué, cómo, quién…?)

Si nos ponemos así no acabamos nunca. Ni puedo regalar todos los libros de este hombre.

(Y si yo a alguien le cayera bien, por favor, que pida en un .org o similar, la edición española de Trabajos manuales, que lo encuentro, pero no a precio de persona. Y uno tiene sus fetichismos también)

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