El insigne Miguel Arnas, novelista.

XVII Premio Francisco Umbral de Majadahonda
La insigne chimenea, Arnas Coronado, 2010.

Miguel Arnas Coronado, La insigne chimenea,  Everest Editorial, 2010.

  Escribir como oficio, escribir como postura ética y estética –cuestiones tan debatidas- se convierten hoy en opciones perfectamente conjugadas: el libro de Arnas Coronado es así, una especie de ideal ético –por lo que insinúa- y una práctica estética –por cómo cuenta lo que leemos.

Es curioso que el jurado del XVII Premio de novela de Majadahonda Francisco Umbral, se fijara en este gran libro: curioso digo, por la rareza que es encontrar en estos últimos años, libros galardonados que correspondan con la calidad que de ellos se exige. Pero no hablamos de premios, hablamos de ficción de la buena.

Seamos ordenados: la novela lleva un título que para el lector –no para el escritor- va a ser el primer referente: ¿por qué insigne esa chimenea? ¿puede una chimenea aspirar a tan noble cualidad –humana para más inri? Además de famosa –sigo el DRAE- puede ser “que llame la atención por ser muy singular y extravagante”: bingo.

Lo singular del encargo que vamos descubriendo poco a poco durante la novela y lo extravagante de la solución propuesta por el arquitecto que lleva a cabo el proyecto concuerda con el espacio donde es colocado tan ilustre “remate” arquitectónico: y una precisión, que como lectores vivimos al leer la novela: la chimenea es el gran receptor de atención como iremos descubriendo e incluso el símbolo de una o más luchas internas en algunos personajes, pero, si es el alto, erguido y erecto ejemplo del poder de una época, también hemos de admitir que alta o baja, rechoncha o modernista, de pueblo o de marqueses, la chimenea es el camino último no de los desperdicios de un edificio sino de los restos de esos desperdicios, quemados, trasegados y convertidos en gases, carbono, partículas… Quizá esta descomposición es la que los personajes van sufriendo de manera acelerada, cuando Arnas Coronado imprime ritmo al relato.

¿Cómo imprime ritmo? Una historia magnífica, un escenario muy bien trabajado –la memoria- y un lenguaje del que nos quedamos cortos si decimos tres adjetivos: castizo, rico, excelso.

No nos duelen prendas en matizar que el tema de la novela es tema antiguo: el poder y los que a su alrededor viven.

Conviven en la novela protagonistas de la Guerra Civil, muertos injustamente, asesinos de seres entrañables, hermanos que parecen no tener la misma sangre ni motivaciones semejantes, un músico con una bellísimo historia de amor y una psicóloga y unas monjas, pescadores acusados de abusos sexuales, consellers de cultura y abogados que intentan aprovecharse del sistema para corromperlo más todavía, una puta encantadora –Pili Pilón- y un santo putero con un nombre tan exquisito como irrisorio: Pañoburdo. Qué elenco literario.

El dinero público utilizado por políticos que son peces globo cuando hablan antes de las elecciones y después de ellas, son los prepotentes señores del cortijo de la democracia, es el elemento que Arnas Coronado expone como partícula que provoca la combustión del carácter de aquellos que abusan del poder y lo malgastan enriqueciéndose, propagando el actual cáncer de la desconfianza en la clase política por parte de la mayoría de la sociedad: ningún político con influencia real escapa a la crítica si no personal, colectiva, aunque sea porque forman grupos con ideales que estén escritos sobre el papel: ya sabemos qué pasa cuando pasan los días de elegir representante y cómo se eligen los representantes en nuestra monarquía parlamentaria o parlamento monárquico o…

La crítica constructiva al servicio de la literatura, hecha novela del más alto nivel lingüístico, expresivo y narrativo con unos diálogos trabajados hasta la naturalidad.

Más podría decir si tuviera ingenio, pero para eso, ya está Arnas, que en cada texto que ofrece se muestra cercano a lo que su persona es: de calidad, irónica, inteligente.

Así que lean esta novela de Miguel Arnas –leed, leed, malditos- y sirvan de vez en cuando la buena literatura en su mesa, para que su paladar se solace en estos amargos días.

(Por cierto, no se pierdan su blog)

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El insigne Miguel Arnas, novelista.

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